"PowerUp tiene como objetivo llevar la lógica del alto rendimiento en el deporte al trabajo"
PowerUp es una plataforma de performance intelligence inspirada en los principios del deporte de élite y diseñada para optimizar tanto el rendimiento de las personas como el entorno que las rodea.
Su misión es ayudar a individuos y organizaciones a desarrollar un rendimiento sostenible, combinando datos, ciencia del comportamiento y estrategias prácticas para mejorar la energía, la cultura, la capacidad de adaptación y la toma de decisiones.
Para PowerUp el rendimiento personal debe entenderse como una capacidad para la vida, no solo como una habilidad profesional. En un entorno cada vez más exigente y acelerado, las organizaciones que invierten en el desarrollo sostenible de sus personas obtienen ventajas significativas en términos de productividad, innovación, bienestar y crecimiento.
En España la compañía cuenta con el apoyo del ICEX gracias al programa Rising Up in Spain de ICEX-Invest in Spain, un programa público para atraer e integrar startups internacionales en España que ofrece acceso a mentoría, visibilidad y conexión con inversión, partners y ecosistema local.
¿Cómo nació PowerUp? ¿Por qué consideraste que era necesaria esta plataforma?
PowerUp nace de algo que he vivido de cerca. Mi hermano era deportista de élite, así que crecí viendo lo que exige ese nivel de rendimiento. Aprendí que no depende de una sola cosa, sino de muchas palancas que se trabajan a la vez. Cuando llegué al mundo de la empresa, vi que esa forma de pensar apenas existía.
En la mayoría de organizaciones, los datos sobre las personas están fragmentados y las soluciones se quedan en la superficie. Las semanas del bienestar o las charlas puntuales tienen su valor, pero por sí solas no cambian cómo trabaja ni cómo se siente la gente.
PowerUp se apoya en una herramienta psicométrica que desarrolló mi padre. Nuestro objetivo es llevar esa lógica del alto rendimiento al trabajo, de forma medible y al alcance de cualquier empresa.
¿Qué es exactamente Performance Intelligence y por qué se enmarca vuestro proyecto en dicha categoría?
Para nosotros, Performance Intelligence significa tener los datos adecuados para tomar mejores decisiones sobre tu propio rendimiento. No hablamos de "insights" porque un dato, por sí solo, no cambia nada. La inteligencia aparece cuando la persona se siente capaz de decidir qué hacer con esa información.
Además, creemos que tiene que ocurrir en tres niveles a la vez: el individual, el del equipo y el de la organización. Una persona puede mejorar sus hábitos, pero si el entorno en el que trabaja no acompaña, el impacto será limitado. Por eso PowerUp trabaja los tres niveles de forma simultánea.
¿Qué diferencia a PowerUp de una plataforma tradicional de bienestar corporativo o formación para empleados?
La primera diferencia está en el dato. Muchas plataformas se basan en encuestas. Nosotros utilizamos un instrumento psicométrico validado mediante revisión por pares. Además, el empleado tiene un motivo real para participar, porque al completarlo recibe su propio plan de acción. Eso hace que los datos que luego ve la empresa sean mucho más fiables.
La segunda es la visión global. La mayoría de herramientas se centran en un solo ámbito, como la salud mental o la actividad física. PowerUp mira a la persona completa: sus comportamientos, hábitos, actitudes y creencias, y cómo todo eso afecta a su salud física y mental, a su vida social, a sus finanzas y a su trabajo. Y mira también el entorno que la rodea.
La tercera es que somos preventivos. Muchas soluciones se usan cuando el problema ya existe.
Y la cuarta, quizá la más importante: no nos quedamos en el qué, sino que vamos al porqué y a qué hacer después. Saber que duermes mal no sirve de mucho. Entender que puede deberse a tu carga de trabajo, y tener técnicas para abordarlo, sí. En la empresa pasa lo mismo: la pregunta no es solo si los empleados están comprometidos, sino por qué y qué se puede hacer al respecto.
¿Qué prácticas del deporte de élite pueden trasladarse a una empresa?
Muchas. La primera es que un deportista de élite no solo trabaja sobre sí mismo: también optimiza todo lo que le rodea, desde su equipo hasta cómo y dónde entrena. En la empresa solemos poner todo el peso en la persona y olvidamos el entorno. PowerUp trabaja ambas cosas.
La segunda es entender que todo está conectado. Un deportista sabe que si mejora su forma física, eso se nota en muchas partes de su juego. Con las personas ocurre igual: si alguien reduce las fuentes de estrés en su vida, también reduce el impacto que ese estrés tiene sobre su salud física y mental.
La tercera son las técnicas mentales. En nuestros planes de acción incluimos herramientas como el diálogo interno positivo o el ensayo conductual, muy habituales en el alto rendimiento. Rafa Nadal cuenta en su autobiografía que lo que más le costaba en un partido era acallar las voces de su cabeza. Ese es justo el tipo de cosa que se trabaja con el diálogo interno, y no hace falta ser número uno del mundo para beneficiarse.
¿Qué riesgos existen que deberían tenerse en cuenta en ese proceso?
Para mí, el mayor riesgo es la confianza. Para que esto funcione, la gente tiene que responder con sinceridad, también cuando habla de su lugar de trabajo. Es normal que surjan dudas: muchas personas nos preguntan si PowerUp es realmente anónimo o si su empresa podrá saber lo que han contestado.
Si los empleados sienten que se les vigila en lugar de ayudarles, el modelo deja de funcionar. Por eso hemos dedicado mucho tiempo y esfuerzo a este tema y tenemos medidas concretas para proteger el anonimato. La empresa solo ve datos agregados, nunca respuestas individuales. Y tiene que quedar claro para qué sirve la herramienta: para que cada persona mejore y para que la organización entienda qué tiene que cambiar, no para evaluar a nadie.
¿Cómo se personalizan las recomendaciones que recibe cada persona?
Todo empieza con nuestro cuestionario psicométrico, que mide más de 70 métricas en nueve dimensiones. Detrás hay un motor de cálculo y recomendación basado en una metodología con más de 15 años de recorrido, probada y validada con expertos y con más de 15.000 personas. Eso nos ha permitido comprobar qué recomendaciones y qué factores marcan realmente la diferencia.
Un ejemplo es la actividad de desarrollo. Sabemos que la gente tiene poco tiempo, y no queremos que mejorar su rendimiento le quite horas a la semana. En lugar de darle una lista interminable de tareas, el algoritmo analiza la combinación de sus puntuaciones en esas métricas e identifica una sola actividad: la que tiene más probabilidades de generar impacto. Y como todo está conectado, aprender ese único comportamiento suele tener un efecto positivo en varias áreas a la vez: rendimiento, salud y bienestar.
En este sentido, ¿cómo ha sido el desarrollo de vuestra tecnología? ¿Qué ha sido lo más difícil del mismo?
La base científica viene de la metodología original, que ya estaba muy probada. El reto ha sido convertirla en una plataforma digital. Para ello hemos trabajado con distintos expertos en desarrollo e inteligencia artificial. Es un proceso iterativo: estamos al principio del camino y queda muchísimo por hacer.
Lo más difícil, para mí, ha sido resistirse a la vía rápida. Con el auge de la IA generativa, se da por hecho que una startup en fase temprana va a tirar de herramientas low-code o no-code para lanzar producto cuanto antes. Pero nosotros dependemos de un motor de cálculo muy complejo, y pedimos a la gente que comparta información personal y que dedique bastante tiempo al principio. Esa experiencia tiene que estar a la altura. Hemos invertido mucho en iterar la plataforma hasta llegar a donde estamos hoy y, en nuestra experiencia, no habría sido posible solo con low-code o no-code.
Uno de los problemas es el coste del agotamiento y la desconexión en las organizaciones. ¿Cómo se puede medir ese coste y qué indicadores debería vigilar una empresa antes de que el problema se agrave?
El coste es enorme. En España, el absentismo costó más de 45.000 millones de euros en 2024, en torno al 3,5% del PIB. Pero las ausencias son solo la parte visible. Alrededor del 40% de los trabajadores reconoce sentirse presionado para ir a trabajar aunque esté enfermo. Eso es presentismo: estar en el puesto, pero sin poder rendir. Es uno de los indicadores más claros de agotamiento, y casi nadie lo mide. Según McKinsey, la mejora de la productividad y la reducción del presentismo representan hasta el 77% del valor económico que generaría mejorar la salud de los empleados.
En PowerUp preguntamos directamente por el presentismo. Y a la empresa no le damos solo un resumen agregado de las respuestas: analizamos más de 200 datos y tenemos índices propios, como el de motivación y compromiso, con factores estadísticamente probados. Así podemos mostrar qué aspectos de los procesos, la cultura, el liderazgo o la forma de trabajar están influyendo de verdad en el agotamiento, las bajas, el presentismo o la rotación, y dónde conviene actuar primero.
¿Qué funcionalidades tiene a día de hoy PowerUp y qué mejoras tenéis pensadas además de nuevas funcionalidades?
Hasta ahora nos hemos centrado en la experiencia individual, porque sin la participación de las personas no hay buenos datos para los equipos ni para la empresa. Hemos trabajado mucho el proceso psicométrico y el plan de acción, y vamos añadiendo funcionalidades a partir de lo que nos piden los usuarios. Por ejemplo, la gente quería un componente más lúdico, así que incorporamos retos semanales tipo sprint, con puntos y clasificaciones dentro de la plataforma.
También acabamos de integrar Apple Health y Google Health. No se trata solo de mostrar esos datos: gracias a nuestro análisis de causas, si vemos que alguien apenas hace actividad física, podemos sugerirle posibles motivos y ayudarle a cambiarlo. Algo que hemos aprendido es que la gente no necesita más datos; necesita entender qué hacer con ellos.
De cara al futuro, la IA generativa nos abre muchas posibilidades. Queremos conectar PowerUp con más tipos de datos para personalizar aún más las recomendaciones, también para los responsables de equipo. Un director de RR. HH. y un director comercial necesitan cosas distintas, y PowerUp debería adaptarse al contexto de cada uno.
¿Quién es vuestro cliente objetivo? ¿Por qué deberían elegir PowerUp como partner?
PowerUp funciona para cualquier tipo de empresa, pero donde más impacto vemos es en organizaciones con mucho personal de cara al público, como centros de atención al cliente, retail u hostelería. En esos entornos, la experiencia que das depende de cómo estás tú. Saber mantener la energía, gestionar la presión o recuperarte cuando algo sale mal marca la diferencia. Además, son sectores con mucho absentismo de corta duración y mucha rotación. También estamos empezando a entrar en el sector del fitness y el deporte.
¿Por qué elegirnos? Porque trabajamos los dos extremos a la vez. Mientras cada persona mejora su propio rendimiento, la organización recibe información y un plan de acción para mejorar el entorno. Y lo hacemos en ciclos de desarrollo de 12 semanas, para que la mejora sea continua y no un esfuerzo puntual. Sé que suena a tópico, pero si una empresa quiere un equipo con mentalidad de medalla de oro, ahí es donde podemos ayudarle.
¿Cuál es vuestro modelo de negocio? ¿Cómo lo habéis validado?
Somos un modelo SaaS. Normalmente ofrecemos paquetes según el número de personas que la empresa quiere que participen. Nos interesa que participe cuanta más gente mejor, porque cuantos más datos tenemos, más preciso es el plan de acción que podemos dar a la organización.
La validación ha sido un proceso de probar, iterar y escuchar mucho a clientes y usuarios, para entender qué valoran y cómo quieren trabajar con nosotros.
¿Con qué recursos y apoyos habéis contado para salir adelante?
Hemos tenido mucho apoyo con el ecosistema. Valencia Innovation Capital nos ha dado visibilidad y acceso a eventos y contactos. Además, somos miembros del Global Sports Innovation Center powered by Microsoft, que nos ha conectado con el mundo del deporte y la innovación. Todo esto nos ha ayudado a dar a conocer PowerUp y, sobre todo, a recibir feedback para seguir mejorando nuestra propuesta.
¿Qué implicaciones ha tenido la ayuda del ICEX? ¿Por qué recomendáis su programa?
ICEX ha sido clave. A través de Rising Up in Spain nos ayudaron a establecer la empresa aquí y nos abrieron puertas a asesores, programas, eventos y oportunidades que no habrían sido posibles de otra forma. Para alguien como yo, que emprende por primera vez y que todavía está aprendiendo cómo funciona el ecosistema startup español, eso marca una diferencia enorme. Se lo recomendaría a cualquier fundador internacional que quiera empezar en España.
¿Cómo esperáis que sea vuestra incursión en España? ¿Qué os atrae del país?
PowerUp tiene su sede en Valencia. España vive un momento muy emocionante para las startups, y en Valencia se nota especialmente; hay mucho movimiento. Vengo de Londres, donde se podría decir que pasan más cosas, pero aquí el ecosistema es muy accesible y abierto. Es fácil conocer gente y sentirse apoyado.
Además, creo que PowerUp puede tener un impacto muy positivo en el mercado español. Hay una oportunidad real de ayudar a las empresas a pasar de reaccionar a prevenir, y de cuidar la salud y el bienestar de las personas antes de que lleguen las bajas.
¿Un deseo para vuestro futuro?
Que cada vez más personas y más empresas puedan entrenar como lo hacen los deportistas de élite. Queremos dejar un impacto medible en la salud y el bienestar: que la gente se sienta mejor y que las empresas rindan mejor. Si conseguimos que ambas cosas vayan de la mano, habremos hecho bien nuestro trabajo.
Número de empresas tech e innovadoras en España
Fuente de datos: Ecosistema Startup, la mayor plataforma de empresas españolas.
