Cinco ingenieros han aterrizado este verano en San Francisco para unirse a startups con una beca de Exponential Fellowship. Guli Moreno, cofundador de Capchase, lleva dos años enviando allí a algunos de los mejores perfiles técnicos del país: quince becados, 18 meses y más de treinta candidatos colocados después en compañías dentro de España.
«Fuga de cerebros» es una de las reacciones más habituales cuando la gente lee estas historias. Pero la verdad es que, aunque haya mejorado notablemente estos últimos años, a nuestro ecosistema emprendedor todavía le queda camino. En esto entran muchos factores, por supuesto, como bloqueos administrativos, legislación, educación... pero hay uno en el que paso más tiempo pensando que en el resto: la mentalidad.
Al crecer en una casa de emprendedores, las quejas sobre la mentalidad del país frente a la innovación eran un tema recurrente en las cenas. Seguramente sea esa una de las razones por las que he acabado en un trabajo donde me dedico, de alguna manera, a estudiar cómo se desarrolla esa mentalidad en distintos lugares del mundo occidental, pasando tiempo por varias regiones europeas y Estados Unidos. Un ejemplo claro de estas diferencias está en las universidades. Si fueras una mosca en la pared de uno de los pasillos de Stanford, estarías escuchando a estudiantes que se mueren por entrar en la última startup de moda o incluso montar la suya propia. A los humanos nos gusta movernos en manada, y en esa parte del mundo seguir esa línea de vida se premia con reputación y elogios. En España, sin embargo, la reacción es algo más parecida a «¿estás segura? ¿No preferirías irte a una consultora?»
Cuando lo comento con la gente, la respuesta suele ser la misma: entonces, ¿qué? ¿Nos volvemos como Estados Unidos? Ahí siempre me viene a la cabeza una frase popularizada por Steve Jobs: good artists copy, great artists steal (o, "los buenos artistas copian, los grandes artistas roban"). Claramente, copiar la manera de hacer de otros simplemente no funcionaría aquí, por algunas de las razones comentadas antes, entre otras. Pero sí podemos quedarnos con todo aquello que podemos encajar a nuestra forma de operar, como la disposición a tomar riesgo, ambición, proactividad y hustle. Y eso se aprende mucho mejor viviéndolo de primera mano.
Gente como Guli, o Carles Reina desde Baobab, o emprendedores como Dídac Lee, que llevan años conectando España con el resto del mundo, ya están haciendo ese trabajo. A quien quiere irse a aprender no hay que frenarlo, sino darle todo el apoyo posible y hacer todo lo que esté en nuestras manos para que quiera volver.