Cuando un inversor en tecnología profunda se pregunta “¿hasta dónde llego yo y quién cubre lo que viene antes de mí?”, la posible respuesta define la calidad real de un ecosistema de innovación. No se trata del número de startups registradas ni el volumen de rondas cerradas sino de la calidad del capital que ocupa el tramo en el que el riesgo es máximo y la certeza aún no existe.
El número de empresas tecnológicas activas en España es el más alto de su historia. En 2025, la inversión en el ecosistema alcanzó los 2.590 millones de euros en 2025, un 14% más que el año anterior, posicionando a España como séptimo mercado europeo. El valor conjunto de las startups españolas, según el Spain Ecosystem Report 2025, supera ya los 110.000 millones de euros, el doble que en 2020. Aunque son señales reales de un mercado que madura, solo dos de cada diez startups españolas alcanzan la categoría de scaleup y no por falta de talento o de tecnología sino porque el capital no se moviliza en el tramo del camino más largo y más crítico.
La asimetría entre el ciclo de la innovación y el horizonte del inversor es el nudo que termina por influir en si una tecnología se convierte en empresa o se queda en el camino. Según los últimos datos de la OCDE, el 91% de las rondas de capital doméstico en España entre 2017 y 2024 fueron inferiores a cinco millones de euros. Los inversores institucionales aportan apenas el 6% del venture capital captado, frente a más del 15% de media europea. Es una brecha estructural pero existe un abordaje para cerrarla.
La actuación del CDTI opera sobre esa brecha con un itinerario completo e integrado, desde las primeras fases de validación tecnológica hasta la coinversión directa con gestores especializados, pasando por convocatorias como NEOTEC, ayudas parcialmente reembolsables, programas de compra pública innovadora o conexión con los grandes programas europeos, entre muchos otros niveles de intervención. Nuestra estrategia está diseñada para que un proyecto empresarial con tecnología real pueda construir una trayectoria coherente, apoyada por el CDTI en todas sus fases, que avance en paralelo a su estado de madurez, desde el más temprano hasta el escalado global.
En este contexto, nuestro programa INNVIERTE está especializado en impulsar esquemas público-privados cuando el riesgo tecnológico es máximo. En el marco de la Estrategia Nacional Deep Tech, hemos impulsado, junto al Fondo Europeo de Inversiones, el instrumento de Transferencia en Tecnologías Profundas, dirigido a incentivar la inversión en esas etapas que conectan la investigación con el emprendimiento, y hemos coinvertido con la European Tech Champions Initiative para favorecer el escalado de los proyectos más prometedores.
La nueva Estrategia Nacional de Deep Tech, presentada este mismo año, mandata al CDTI en el impulso del tejido emprendedor desde la ciencia, en los ámbitos en los que Europa se juega su competitividad a medio plazo y donde nuestro país puede aportar grandes capacidades. En su reto que asumimos con responsabilidad y entusiasmo.
La diferencia entre crear conocimiento y crear empresa la resuelve el capital que entiende el ciclo. Que el conocimiento no se quede en el papel.