En tiempos de zozobra, inestabilidad y creciente competencia internacional, hay un factor que se consolida como principal motor de progreso y transformación: la innovación impulsada por el talento. Sin ambos, la economía y la sociedad españolas no serían las que hoy conocemos. No habría sido posible una digitalización tan acelerada, ni la transición ecológica, ni el avance social que estos procesos llevan aparejados.
La marca de país innovador que hoy representamos —y de la que podemos y debemos presumir— nace y se fortalece gracias a empresas que no solo creen en su modelo de negocio, sino que asumen un compromiso firme con nuestro futuro colectivo, con el empleo de calidad y con un crecimiento más sostenible y resiliente.
La diversidad de sectores y actividades del ecosistema emprendedor aporta el impulso necesario para generar valor, elevar la productividad y transformar la forma en que trabajamos y respondemos a las nuevas demandas sociales. Innovar ya no es solo desarrollar tecnología: es adoptar una nueva manera de pensar, de crear y de conectar con la realidad de nuestro tiempo, una realidad que se construye en presente continuo.
Junto a las personas que emprenden —las auténticas protagonistas—, los agentes públicos y privados, el propio ecosistema emprendedor y los medios de comunicación especializados, como El Referente, que lidera este informe imprescindible, aunamos esfuerzos para hacer el camino más accesible, visible y compartido.
En este contexto, la financiación pública, especialmente en las fases iniciales, resulta un pilar esencial. Nuestro papel va más allá del apoyo económico: cada euro público invertido reduce el riesgo, impulsa la I+D y genera la confianza necesaria para atraer inversión privada. Es palanca, no sustituto y permite que los proyectos empresariales con alto potencial puedan convertirse en empresas más sólidas, capaces de crear empleo y ofrecer estabilidad a quienes deciden emprender.
De todo ello sabemos bien en Enisa. Sin este acompañamiento institucional, cerca de 8.500 empresas lo habrían tenido difícil —o directamente imposible—. Nuestros más de 9.700 préstamos participativos, que no exigen más garantía que el propio proyecto empresarial, han sido decisivos para que muchas iniciativas puedan despegar.
Gracias a esta confianza compartida, numerosas empresas nacidas con ambición, pero sin acceso inmediato a financiación, han logrado crecer, internacionalizarse y convertirse en referentes. Porque cuando el talento, la innovación y el compromiso se alinean, el emprendimiento no solo crea empresas: construye país