Seguro que reconoces la escena: una temporada especialmente intensa. Una ronda, un lanzamiento, problemas con el equipo, demasiados viajes o simplemente una de esas etapas en las que la empresa parece no dar tregua y reclama toda tu atención.
Y casi sin darte cuenta empiezas a negociar con lo aparentemente prescindible: comes cualquier cosa delante del ordenador. Dejas de hacer deporte porque “esta semana es imposible”. Duermes menos. Cancelas la salida con tus amigos… Y te dices que ya recuperarás tus hábitos cuando pase este pico de trabajo.
Parece bastante lógico. Pero nuestro cuerpo parece pensar justo lo contrario.
Nazareth Castellanos, neurocientífica y fundadora de Fundación Hygeia, explicaba en una de sus conferencias sobre neurociencia y estilo de vida algo que nos parece especialmente interesante para los emprendedores: “Cuando atravesamos una época de estrés sostenido, deberíamos prestar más atención —y no menos— a nuestro cuerpo.”
El intestino también conversa con tu cerebro
Durante años hemos pensado que el cerebro dirigía y el resto del cuerpo obedecía. Hoy sabemos que la relación es muuuuucho más compleja.
En nuestro intestino viven billones de microorganismos que forman la microbiota intestinal y participan en procesos relacionados con el sistema inmunitario, hormonal y nervioso. Existe una comunicación constante entre intestino y cerebro, en ambas direcciones.
Eso significa que nuestro estado mental puede afectar al intestino, pero también que lo que ocurre en el intestino puede influir en el cerebro.
Castellanos explica que una microbiota saludable se relaciona con un estado cognitivo y emocional más estable y que sus alteraciones pueden asociarse, entre otros factores, con inflamación, desregulación emocional y sensación de fatiga. Pero hace una advertencia importante: la microbiota no lo explica todo. Es una pieza dentro de un sistema mucho más amplio.
Y aquí aparece lo que probablemente más nos interesa.
El estrés también llega al intestino
Cuando vivimos un episodio puntual de estrés y nuestra microbiota está saludable, nuestro organismo suele tener capacidad para adaptarse. El problema aparece cuando ese estrés se prolonga.
Nazareth explica que el estrés sostenido puede desestabilizar la microbiota intestinal y alterar ese equilibrio que el organismo intenta mantener. Y esa alteración no queda confinada al intestino: puede ir asociada a procesos inflamatorios y a cambios relacionados con la fatiga, el estado de ánimo y nuestra capacidad de regulación emocional. Por eso, cuando la presión se mantiene en el tiempo, cuidar el cuerpo deja de ser una cuestión secundaria.
Y al final de la conferencia plantea una idea que merece la pena recordar: cuando estamos atravesando una época difícil, la influencia del cuerpo sobre el cerebro aumenta.
Dicho de una manera mucho más sencilla: En los momentos de mayor exigencia, nuestros hábitos importan todavía más… Y, paradójicamente, son precisamente esos hábitos los primeros que solemos sacrificar.
Cuando aumenta la exigencia, cuidar el cuerpo importa todavía más
Cuando atravesamos una época especialmente exigente tendemos a pensar que podemos pedirle al cuerpo un esfuerzo extraordinario durante unas semanas y que ya recuperaremos después. Dormimos algo menos, comemos peor, dejamos de hacer ejercicio, reducimos nuestra vida social y vamos eliminando de la agenda todo aquello que no parece estrictamente necesario para sacar adelante el trabajo.
Esta idea conecta directamente con algo que estamos trabajando mucho en ANCLA: el alto rendimiento sostenible. Emprendedor y empresa no funcionan como dos sistemas independientes. La presión de la empresa repercute en la persona y el estado de esa persona condiciona después cómo piensa, decide, lidera y se relaciona con los demás.
Por eso quizá, cuando llega una de esas etapas en las que todo es urgente, la pregunta no debería ser solo qué puedo eliminar de mi agenda para dedicar más tiempo a la empresa, sino también qué necesito preservar precisamente porque voy a tener que sostener un nivel de exigencia mayor.
Dormir (al menos 7 horas) y con un sueño de calidad, alimentarnos de forma saludable, movernos, pasar tiempo al aire libre o frecuentar las relaciones que nos hacen bien no harán desaparecer una ronda complicada, un conflicto con un socio o una decisión difícil. Pero pueden contribuir a que las afrontemos mejor preparados.
Y esto cambia bastante la forma de entender esos hábitos. Dejan de ser algo que hacemos cuando el trabajo nos deja tiempo para convertirse en parte de nuestra preparación para hacer bien ese trabajo.
By Ancla.life