Hace justo un año hacíamos referencia a un importante hito: los 13.000 millones de euros invertidos en startups españolas desde el final de la pandemia. Doce meses después, el ecosistema vuelve a demostrar una capacidad de resistencia y madurez relevante: España supera ya los 16.000 millones de euros invertidos en los últimos cinco años y lo hace manteniendo una tendencia sostenida incluso en un entorno global marcado por la incertidumbre.
Mientras que el cierre de 2025 dejó una señal especialmente relevante con numerosas rondas de tamaño medio, 2026 nos devuelve a la escala que marcan las megarrondas. Las operaciones ya anunciadas junto a otras que se están cerrando actualmente, permitirán, previsiblemente, la aparición de al menos dos nuevos unicornios españoles. Más allá de su impacto simbólico, este hecho situará de nuevo a España como el único gran ecosistema de la UE capaz de mantener cifras de inversión durante más de dos años consecutivos en medio de un contexto global de inestabilidad que está poniendo a prueba tanto al emprendimiento tecnológico como a la industria del capital riesgo.
Nos encontramos, por lo tanto, en un momento que marcará un antes y un después. Europa necesita escalabilidad tecnológica ganar competitividad para jugar en igualdad de condiciones con Asia y EE. UU., y, al mismo tiempo, el ecosistema necesita aumentar el número de exits para responder a las expectativas generadas y atraer nuevos LPs. Son dos retos complejos que afectan tanto a actores públicos como privados y que condicionarán el futuro de un crecimiento europeo que apuesta por impulsar tecnologías profundas, científicas y digitales, incluida la inteligencia artificia. En este escenario, la transferencia tecnológica y la implicación de las corporaciones como tractoras del crecimiento serán factores determinantes.
ICEX continúa reforzando la proyección internacional del ecosistema español mediante acciones de intensa diplomacia tecnológica y comercial. En menos de nueve meses, el ecosistema ha tenido presencia destacada en Tokio, Londres y Toronto, y próximamente lo hará en Ciudad de México y San Francisco. A ello se suman iniciativas concretas orientadas a resolver fallos de mercado muy específicos: desde la publicación, junto a AEDC y SpainCap, de la primera guía legal práctica para facilitar el establecimiento de fondos internacionales de venture capital en España, hasta el impulso de un fondo especializado en biotecnología e internacionalización con eje en Boston.
La internacionalización ya no es una alternativa, sino que se ha convertido en una necesidad para escalar. Cada vez más, los mandatos de inversión incorporan objetivos internacionales como parte central de las nuevas rondas. Y si a eso se suma el efecto tractor que generan los grandes emprendedores españoles sobre el conjunto del ecosistema, hay motivos más que suficientes para el optimismo.
Estamos probablemente ante nuestro momento más decisivo y aprovechar esa oportunidad dependerá de nuestra capacidad colectiva para seguir empujando, con visión, colaboración y ambición de largo plazo.