Tenía 12 años cuando sentí, por primera vez, que mi vida no avanzaba al mismo ritmo que la de los demás. En plena pandemia, mientras mis amigos seguían creciendo, estudiando, saliendo, descubriendo el mundo… yo aprendía a convivir con algo mucho más silencioso: el cansancio constante, la niebla mental, la sensación de estar perdiéndome mi propia vida.
Me diagnosticaron COVID persistente. Una enfermedad crónica que me acompañara para siempre.
Pero lo que nadie te explica es que no es solo una enfermedad. Es también incomprensión. Es aislamiento. Es aprender a vivir en un cuerpo que no siempre te responde, es vivir en un cuerpo que no es el mío.
Durante un tiempo, pensé que todo se había detenido para siempre. Hasta que ocurrió algo inesperado.
Empecé a usar la tecnología casi por necesidad. Jugando a videojuegos, noté algo que no esperaba: estaba recuperando capacidades cognitivas de la memoria que habían desaparecido. No era una sensación. Era real. Estaba validado clínicamente por mi neurólogo.
Y entonces apareció una pregunta que lo cambió todo:
Si esto está funcionando en mí, ¿por qué no podría funcionar en millones de personas?
Ahí entendí algo que uno de mis referentes Ousman Umar líder CEO & Co-founder de NASCO Feeding Mind ya defendía: incluso en el sufrimiento puede encontrarse propósito.
Ese fue el origen de lo que hoy es SAMIRA DTx. No nació en una oficina, ni en un plan de negocio perfecto. Nació desde la experiencia de un paciente que decidió no resignarse.
Porque hay algo que no solemos decir lo suficiente:
el dolor también puede ser propósito.
Hay fue cuandofundé mi empresa con solo16 años. Y sí, eso suele ser lo que más llama la atención.
Pero no es lo relevante.
Lo relevante es que hoy estamos entrando en una nueva era del liderazgo. Estamos viendo cómo la edad deja de ser una barrera.
Una era donde la edad importa menos que la visión.
Donde el conocimiento ya no depende de décadas de experiencia, sino de la capacidad de aprender rápido a adaptarse y el enfoque a la toma de decisiones constante.
Donde construir es más importante que aparentar.
Y donde, sobre todo, empieza a cuestionarse el modelo tradicional de CEO.
Mi generación no quiere poder.
Quiere impacto.
Hace tiempo empecé a definir mi forma de liderar con un concepto que resume todo esto: ZEO (Zero Ego Operator).
No es un título. Es una forma de pensar.
Un ZEO no busca poder. Busca impacto.
No dirige desde arriba. Construye desde dentro.
No crea empleados. Forma líderes.
Uno no se forja desde el control, sino desde la empatía y la cultura.
Ese es el cambio.
Hoy cualquier persona con una idea, un ordenador y conexión a internet puede construir algo real.
Lo que importa ahora no es cuánto mandas.
Es cuánto construyes.
El mayor enemigo del liderazgo no es la falta de talento.
Es el ego.
La generación Z busca líderes que sirven, no que mandan. Y eso conecta directamente con lo que significa ser ZEO.
El ego hace que no escuches.
Hace que no aprendas.
Hace que tomes decisiones para proteger tu imagen en lugar de mejorar lo que estás construyendo.
Ser ZEO significa estar en el centro, no arriba.
Empujando, apoyando, acompañando.
Tu trabajo no es ser el mejor.
Es hacer mejores a los demás.
Para llegar a este punto de mi camino, he pasado por la rueda de la educación y cuando te tienes una enfermedad crónica la rueda no para contigo y te aplasta como me llegó a decir una vez la directora de un colegio.
Yaquí empieza uno de los mayores problemas… y también una de las mayores oportunidades. El sistema educativo.
Durante décadas, el sistema educativo ha estado diseñado para formar personas que encajen, no que construyan.
Se premia la obediencia más que la curiosidad.
La repetición más que la experimentación.
El error como fracaso, no como aprendizaje.
Una de mis referentes Sonia Diez presidenta de la Fundación EducAcción lo dice claramente: la escuela mata la creatividad y el sistema está roto y anticuado para las necesidades del hoy.
Pero el mundo actual inmerso en incertidumbre y cambio constante, ya saber de una cosa no vale nada, este mundo necesita justo lo contrario:
Personas que piensen diferente.
Que cuestionen.
Que construyan sin tener todas las respuestas.
Hoy, alguien con curiosidad, acceso a internet y mentalidad de aprendizaje puede aprender más fuera del sistema que dentro.
La educación del futuro no será memorizar.
Será crear.
Cada vez más gente joven no quiere seguir caminos predefinidos. Quiere construir los suyos.
Steve Jobs hablaba de los “locos que creen que pueden cambiar el mundo”. Y yo digo, me apunto.
Personas que piensan diferente.
Que aprenden diferente.
Que cuestionan lo establecido.
Y muchas veces, esas personas son las que se sienten fuera de lugar.
No encajar no es un problema. Es una ventaja.
Mi enfermedad no fue algo que elegí.
Pero sí elegí qué hacer con ella.
Como dice otro de mis referentes Victor Martínez, paciente de ictus hemorrágico que he tenido la suerte de encontrarme en este camino “Yo. Después de pasar mi proceso (un ictus) me considero una persona normal con limitaciones acreditadas”
Podía haberme quedado en el “por qué a mí”.
O podía pasar al “para qué”.
Y ese cambio lo transforma todo.
Porque cuando encuentras un “para qué”, el dolor deja de ser solo dolor.
Se convierte en motor.
Hoy, SAMIRA DTx está empezando a cambiar algo que parecía inamovible: un sistema sanitario que muchas veces no escucha lo suficiente al paciente.
Un cambio necesario donde el paciente no puede ser un mero espectador de su patología tiene que ser el protagonista.
Pero esto no va de una empresa.
Ni de un logro.
Ni de una historia personal.
Va de las personas que siguen luchando por cambiar las cosas
Estamos en un punto de inflexión social, empresarial, educativo. Etc.
Las empresas del futuro no serán más grandes.
Serán más humanas.
Los líderes del futuro no serán los que más poder tengan.
Serán los que más impacto generen.
Yo no elegí mi historia.
Pero sí elegí convertirla en propósito.
Y si algo quiero que se quede contigo después de leer esto es simple: aquello que hoy parece romperte, puede ser exactamente lo que mañana te dé sentido.
La pregunta no es qué te ha pasado.
La pregunta es:
¿qué vas a construir con ello?