La Unión Europea, con el objetivo de impulsar que las empresas incorporen la Propiedad Industrial en su estrategia, volverá a movilizar fondos a través del SME Fund 2026 para ayudar a las PYMES europeas a reducir el coste de registro y protección de sus activos, en particular marcas, diseños y patentes. Con la reapertura de la convocatoria prevista a partir del 2 de febrero de 2026, se abre una oportunidad especialmente relevante para pequeñas empresas y proyectos en fase inicial que quieren dar el paso de proteger su marca, pero que hasta ahora lo habían pospuesto por falta de recursos o por la presión de otras prioridades del negocio.
Como abogados expertos en Propiedad Industrial, nos encontramos habitualmente con que las startups, en sus primeras fases, compiten por presupuesto, producto, ventas, equipo y marketing. En ese contexto, la marca se percibe muchas veces como un trámite aplazable. El problema es que la marca no es un simple nombre bonito, es el signo por el que el mercado identifica el proyecto, el punto de referencia sobre el que se acumulan reputación, esfuerzo comercial e inversión. Y, precisamente por eso, cuando se deja para más adelante, el riesgo no es teórico, es muy real.
En fases tempranas, muchas empresas tienden a pensar que registrar la marca puede esperar. Primero el producto, luego las ventas, después el crecimiento. Y es comprensible. Pero ese enfoque tiene un riesgo que se materializa más a menudo de lo que debería: cuando no se registra, no se reserva nada. Si un tercero registra antes, o registra un signo similar para productos o servicios próximos, el escenario puede cambiar en un instante. Las marcas funcionan, en la práctica, como un derecho de prioridad: quien registra primero consolida una posición de exclusividad en el mercado para ese signo. A veces la consecuencia es un conflicto. Otras, la situación más delicada: descubrir que el nombre por el que ya te identifican tus clientes no está disponible para registrarlo. En ese punto, no solo se discute un expediente, se pone en juego coherencia de marca, inversión y reputación.
Por eso conviene insistir en una idea sencilla: registrar una marca no es un formalismo, es blindar una inversión. Una marca registrada ofrece, en esencia, dos palancas muy claras. La primera, la exclusividad para usar ese signo para determinados productos y servicios. La segunda, la capacidad real de impedir o limitar el uso de signos similares que puedan generar confusión en el mercado. Esta segunda palanca es especialmente importante, porque es la que permite defenderse cuando otro intenta aprovecharse de una denominación próxima para redirigir el tráfico comercial en su favor.
Desde una perspectiva práctica, proteger la marca de forma temprana no solo refuerza la posición jurídica del proyecto, también reduce el riesgo de conflictos posteriores y evita destinar tiempo y recursos a disputas cuando el negocio ya está en marcha y la marca ya está implantada. Además, contrario a lo que muchas empresas piensan, la protección de la Propiedad Intelectual e Industrial pesa en procesos de inversión: la ausencia de cobertura sobre intangibles claves suele percibirse como una señal de riesgo, especialmente si el proyecto ya opera en el mercado.
Y la protección marcaria no es una medida puntual ni efímera. Una vez registrada, la marca puede mantenerse indefinidamente, sujeta a renovaciones periódicas. Esto refuerza su naturaleza estratégica: es una base estable sobre la que construir, crecer, internacionalizarse, licenciar o incluso atraer inversión.
En este contexto, la aportación más valiosa del SME Fund no es solo el descuento en sí, sino el cambio que impulsa. El programa, impulsado por la Comisión Europea y gestionado por la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO), busca facilitar a las PYMES el acceso a herramientas de protección de Propiedad Industrial, incluyendo solicitudes de marcas, diseños y patentes con porcentajes de reembolso que pueden llegar, según el caso, hasta el 75% en tasas oficiales.
Tras el transcurso de los años, el efecto práctico es evidente: se facilita que más empresas protejan sus signos desde el inicio, lo que contribuye a un mercado más ordenado, con menos conflictos evitables y mayor seguridad para quienes quieren hacer las cosas bien.
En definitiva, la reapertura del SME Fund 2026 no es solo una oportunidad para reducir costes, sino también un incentivo para integrar la protección de la Propiedad Industrial en la estrategia del negocio desde el inicio. La protección de la marca no es un elemento accesorio, es un activo estructural que concentra reputación, inversión comercial y posicionamiento por lo que protegerla a tiempo permite anticipar conflictos y evitar incidencias que, cuando afloran, suelen llegar tarde y resultan sensiblemente más costosas de resolver.